martes, 20 de julio de 2010

Terror en Santo Domingo



Eran la 1:20 de la tarde en Santo Domingo, el clima se hacía agradable y un leve frió producto de una mañana lluviosa acariciaba nuestras blancas pieles, por todo lo demás era una tarde común como cualquier otra, el sonido ensordecedor que provenía de los pitos de los autos tratando infructuosamente de avanzar, los policías de tránsito tratando en vano de poner orden, y los taxis que se arrumaban en las afueras de los supermercados esperando ser ocupados, Pavol, amigo y colega eslovaco que por cosas del destino había parado al igual que yo trabajando para la misma empresa me acompañaba, una persona de estatura mediana, cejas grandes y blanco como la tiza, amante de los deportes y el ron, de carácter sincero y emprendedor, ciertamente alguien con quien puedes conversar y como en este caso compartir un almuerzo, nos dirigíamos a comer pasta en unos de los supermercados que quedan subiendo la avenida lope de vega, muy cerca de donde vivo.

Para llegar ahí decidimos que era mejor esperar por un carrito público, el medio de transporte más común en republica dominicana, y del cual he escrito antes describiendo sus características en mi tiempo libre, desde la distancia alcanzamos a divisar uno que venía hacia nosotros, este era ya ocupado por 5 personas, en otro país cualquiera hubiera pensado que estaría lleno, pero nosotros sabíamos que, desafiando la física y el sentido común, ahí, en ese mismo auto había espacio para 2 personas más, y quienes mejor que nosotros para ocuparlos en ese momento, lo que me llamo la atención es que este no era uno común, no tenía el usual letrero que suelen portar lo carros comunes, por lo que pude deducir era un carrito publico ilegal , aquel primo oscuro y siniestro del carrito común, los cuales no pertenecen a ninguna compañía, son comandados por temerarios que buscan ganarse la vida transportando gente de forma ilegal, para algunos esto no es un problema y los abordan sin cautela alguna, pero otros sabemos que dentro de estos carros ocurren cosas horribles, porque hemos escuchado historias, leído noticias, o algunos como yo, vivido en carne propio lo que ahí es posible que suceda.

Decidimos abordarlo por consejo de Pavol, quien parecía desesperado por llegar a comer, y yo no puse mayor resistencia. Dentro se hallaban los ya comentados 4 pasajeros y el conductor, Pavol tomo el asiento de atrás que quedaba libre junto a 3 mujeres, y yo, sin elección alguna tuve que sentarme como pude en el asiento de delante, en el cual ya había un hombre de unos 50 años que portaba un folder blanco y lo dejaba reposar encima de manos, ocultándolas para mí. El conductor se veía más joven, aunque sin duda ya había pasado los 30, era una persona activa, sus movimientos rápidos y agilidad al hablar denotaban su inherente vigor, me sugirió al ver que la persona con quien compartía el asiento se encontraba en una posición incómoda, que por favor me levantara un poco, para el poder, acercándose a mí y tirando el asiento hacia atrás, darnos más espacio para de esa manera poder acomodarnos mejor, no tuve ningún problema y accedí a tal petición, al fin y al cabo no era nada que no fuera común para mi, el hombre intento hacer esta maniobra varias veces, pero aparentemente eran infructuosos sus intentos, el alegaba que yo no me levantaba lo suficiente de mi asiento como para que el pudiera moverlo fácilmente. Cuando inesperadamente escucho a Pavol que me dice, de forma rápida y como que pareciese alertarme de algo, la siguiente frase en perfecto inglés "check your things", que al español se traduciría como "revisa tus cosas", rápidamente procedí a hacerlo, y pude notar al instante como de mi bolsillo izquierdo del pantalón salía el cable de mi iPod y este mismo terminaba en un lugar desconocido cubierto por el folder que tenia la persona de al lado, mi reacción inmediata fue tomar este cable y halarlo para dejarlo de nuevo en su sitio, y para curiosidad mía, note como mientras lo hacía, enredados, en el también venían un billete de 50 pesos y una tarjeta de presentación que había conseguido unos días antes de uno de mis amigos, en ese momento supe que el hombre intentaba robarme, y que todo la escena de tratar de mover el asiento hacia atrás no era más que un vil plan que entre todos habían confabulado para despojarme de mis pocas y humildes pertenencias.

Una vez con mis posesiones de nuevo en el bolsillo lo que ahora me preocupaba era lo que harían con nosotros, si simplemente nos dejarían ir o de lo contrario se tornarían hostiles y nos obligarían a que de alguna manera les entregáramos nuestras cosas, o peor aún, que nos llevasen a un sitio desconocido y las cosas se pudieran tornar mucho peor. El hombre a mi lado, a pesar de notar que yo había retomado mis cosas no dijo palabra alguna y por el contrario, desistió de continuar halando mis cosas, lo que en parte ayudo a calmarme un poco. Milagrosamente ocurrió lo inesperado, estando parados en el semáforo, el auto que se encontraba al frente, un camión blanco de transporte de mercancías, que se veía bastante usado y dañado, dándole marcha atrás golpeó de manera imprevista nuestro auto, fue un suave golpe pero con suficiente fuerza como para que nuestro conductor saliera y de manera agresiva le avisara al otro lo que había sucedido, ese era el momento perfecto para escapar, sin el conductor, solo quedaba el viejo y las 3 mujeres, además de que el carro estaba detenido y sin poder moverlo. Pavol me dijo "let's get out", salimos y así terminó nuestro periplo, revisamos nuestras cosas y constatamos que no nos faltaba nada, estábamos pues a salvo y habiendo tenido nuestra primera mala experiencia con carritos públicos en la republica dominicana.

2 comentarios:

  1. nojoda compa de la que se salvo jajaja, al menos alla lo hacen delicadamente por que aca la cosa esta bien delgada.

    4 ojos y para la proxima coja mototaxi ;D

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  2. Jaja, compa, aqui los mototaxis son peores!!, tu sabes donde te montas pero no donde te vas a bajar, les llaman MotoConchos.

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